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Esclavos Africanos en Puerto Rico: Estilo de Vida

Actualizado: 2 ene

ESCLAVOS AFRICANOS EN PUERTO RICO:

ESTILO DE VIDA



Introducción

Antes de que Cristóbal Colón llegara a América, ya existía un intercambio comercial entre los europeos y los africanos. Los portugueses compraban esclavos para trabajar en la agricultura, la construcción de edificios y carreteras, y para las tareas más fuertes. A estos hombres y mujeres tomados contra su voluntad se les llamaban bozales.

Luego, España también adoptó ese régimen y, al llegar a Las Indias, comenzaron a enviar esclavos para trabajar en las minas y en las tierras.


Barco Negrero

Traslado de esclavos africanos a América

Originalmente, los españoles comenzaron a buscar oro con la ayuda de los taínos, pero éstos se rebelaron, y ya no querían trabajar. Entonces comenzaron una serie de batallas contra los españoles llamadas guasábaras. Y la población indígena comenzó a reducirse por las guerras y las enfermedades, entre otras cosas.


(Ver: La Colonización de Puerto Rico y las Encomiendas)

https://www.histopediadepuertorico.com/post/la-colonizaci%C3%B3n-de-puerto-rico


Ante este panorama, los españoles se quedaron sin trabajadores. Entonces, trajeron por la fuerza, desde de Africa, a muchos africanos de distintos lugares del continente, a quienes convirtieron en esclavos. Sin embargo, ante la escacez del oro, muchos españoles se fueron a otros países de Suramérica y América Central, donde había abundancia del mismo, y se llevaron a sus esclavos. Los que se quedaron, buscaron otras formas de aprovechar la tierra, y formaron familias con las africanas e indias. A los hijos de éstos se les conocían como mulatos y mestizos, respectivamente.

Algunos de estos hacendados se dedicaron a producir los alimentos que necesitaban para subsistir, y otros, a la agricultura comercial. Y debido al clima tropical, a los terrenos fértiles, y su experiencia en Europa, decidieron desarrollar el cutivo de la caña de azúcar. Pero, debido al éxodo que hubo, trajeron más esclavos africanos a la Isla.


Hacienda de Caña de Azúcar

Características físicas

Los africanos que llegaron a Puerto Rico eran de raza negra. Tenían el cabello negro, rizado y grueso. Eran de nariz ancha, labios gruesos, pómulos salientes, piel y ojos obscuros. También eran de constitución fuerte. Tenían gran inclinación por la música y el baile y gran imaginación para los cuentos y las fábulas.


Sus tareas

Los esclavos trabajaban todos los días, de 16 a 18 horas diarias. Se levantaban muy temprano en la mañana y se acostaban al bajar el sol.

Los trabajos se dividían en tres grupos, depende de las tareas que realizaban: de tala, domésticos, y jornaleros.


De tala

Podían ser hombres, mujeres o niños. Trabajaban en la agricultura. Sembraban y recolectaban los frutos; talaban y desyerbaban las fincas con machetes; transportaban las recolectas dirigiendo los bueyes o caballos. Cortaban la caña, la recogían, la molían en los trapiches y preparaban el melao para producir azúcar. Eran supervisados por un mayordomo que tenía autoridad para castigarlos si desobedecían.


Domésticos

Se encargaban de las tareas de la casa del hacendado: lavar planchar, cocinar, limpiar la casa. Las mujeres cuidaban a los niños. A veces amamantaban a los más pequeños. Se vestían y se alimentaban mejor que los demás.


Esclava Africana en Servicio Doméstico

Jornaleros

Trabajaban fuera de la hacienda a cambio de una pequeña cantidad de dinero, aunque a veces el dinero que ganaban pasaba a manos del hacendado. Realizaban tareas luego que acabara el horario de trabajo, y no se les pagaba horario extendido. Eran fuertes y resistían largas jornadas de trabajo.


Cómo vivían

La población esclava se concentraba mayormente en las costas, donde estaban las grandes haciendas azucareras.

Los amos les proveían vivienda, ropa y alimentación. Vivían en los alrededores de las casas de los hacendados, en cabañas que ellos mismos construían, a las que les llamaban barracas. Tenían pocos muebles, más las hamacas donde dormían. Estaban construidas de tablas de palma y los techos de yaguas.


Viviendas de los Africanos (barracas)

El amo les proveía tres mudas de ropa que debía durarles todo el año. Cada muda consistía en una camisa, pantalones, sombrero, pañuelo, y camisón de lana para el frío. Comían una ración de comida diaria que consistía en plátanos, viandas, arroz, frijoles, carne o pescado, y frutas. También comían yuca, batatas y guineos cultivados por ellos mismos. Los amos los alimentaban bien para que tuvieran un buen rendimiento en los trabajos que les correspondían hacer.

Los africanos sufrieron muchos maltratos. Los hijos que nacían de padres esclavos, también eran esclavos, y desde pequeños, eran obligados a trabajar.

La esclavitud estaba reglamentada por el gobierno, y se les tenía que garantizar el trato humanitario, sin embargo, en la práctica y en la realidad era otra cosa. Solo algunos de los dueños de las haciendas eran comprensivos y humanitarios. Aunque ya había algunas leyes formuladas, no había ninguna que los protegieran de los abusos de los europeos, y eran tratados como animales, sin sensibilidad. Eran sujetados con cadenas, cargaban objetos demasiado pesados, y trabajaban largas horas sin paga (doce o trece horas diarias).

Para evitar el contrabando, y justificar la introducción legal de los esclavos, se les hacía una marca con hierro caliente en su piel a la que llamaban el carimbo. Todo esclavo que no tuviera la marca oficial de la Corona, se confiscaba y se vendía en subasta, como cualquier otro producto.

No podían salir de paseo ni protestar. Durante la noche eran vigilados para evitar reuniones o fugas. A los que protestaban o se fugaban, se ofrecía recompensa por su captura, y eran anunciados en los diarios. Si se encontraban, eran castigados por sus amos, inclusive hasta con latigazos, se les obligaba a vivir en cuarteles o barracas, cerca de las cabañas de sus amos, para éstos poder vigilarlos. Los esclavos que se fugaban se llamaban cimarrones.

Algunos días de fiesta, los hacendados les permitían que llevaran a cabo fiestas y juegos. Estas actividades se hacían en presencia de los amos o los mayordomos. Las fiestas duraban varias horas y se tocaban tambores y otros instrumentos de cuero parecidos a la conga.


Baile la Bomba

Lucha por su Libertad

En Puerto Rico, al pasar los años, la mayoría de los africanos que había no eran esclavos porque ya sus amos los habían liberado o porque habían comprado su libertad con el dinero que ahorraban trabajando. Además, los hijos de esclavas y españoles se podían convertir en personas libres, si sus padres los reconocían y les daban el apellido. A éstos se les llamaban libertos.

Sin embargo, había otro grupo que contiuaba esclavizado pero, a pesar del encierro y la vigilancia que se les tenía, constantemente luchaban por su libertad. Muchos esclavos se resistieron a aceptar todas estas injusticias y manifestaban su repudio negándose a trabajar y tratando de escaparse. Algunas veces incendiaban los cañaverales para distraer a los hacendados y tratar de escapar pero, si los atrapaban, éstos eran castigados y encerrados con mayor vigilancia.

Los más recios sobrevivieron y llevaron su deseo de libertad y resistencia a las nuevas actividades que les fueron impuestas. Además, había personas que no estaban de acuerdo al maltrato de estos seres humanos y lucharon en conjunto hasta lograr que se impusieran leyes a favor de su libertad. Pero no fue hasta el Siglo XIX que se declaró abolida la esclavitud en Puerto Rico.


(Ver: Abolición de la Esclavitud en Puerto Rico)

https://www.histopediadepuertorico.com/post/abolici%C3%B3n-de-la-esclavitud-en-puerto-rico

Bibliografía

Estudios Sociales 3 y 4. Ediciones Santillana, Inc., Guaynabo, PR. 2014.


Miller, Paul G. Historia de Puerto Rico. Rand Mc Nally & Company, Chicago IL. 1922.


Pico, Fernando. Historia general de Puerto Rico. Ediciones Huracan, Inc., San Juan PR. Novena edicion, 2004.


Puerto Rico: Historia, geografía y sociedad. Ediciones SM, Cataño PR, Edición revisada y ampliada, 2018.


Silvestrini, Dra. Blanca G. y Dr José Seguinot. Puerto Rico y las Américas. Harper Collins Publishers, Puerto Rico. 1992.


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